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El amor de mi vida: mi mamá

(Fecha original de publicación: 2 de enero de 2019)

Buenos días, espero que el nuevo año haya llegado lleno de éxitos y bendiciones para ti y tu familia.

Para mí fue un 31 muy especial. Mi mami, luego de luchar valientemente durante más de un año contra una terrible enfermedad, partió al cielo al encuentro con Dios. Se fue dejándonos un vacío inmenso y una profunda tristeza en el corazón. Pero también nos dejó un maravilloso ejemplo de superación y de energía en el espíritu, sobrellevando con alegría su enfermedad, siempre dulce, siempre alegre y cariñosa.

Los que fuimos bendecidos con la suerte de tenerla en nuestras vidas sabemos que realmente no se ha ido. Vive con nosotros a través de todas las personas a las que tocó con su inmenso amor. Vive en el legado de una vida vivida a plenitud, sin guardarse nada, con una genuina entrega a Dios, una auténtica generosidad y un verdadero compromiso por ayudar a los demás. Su profunda fe, fortaleza y valentía fueron siempre inspiradoras y admirables.

Hoy, en este nuevo año, quiero dedicar este blog a la mujer más hermosa, más dulce, más maravillosa, a una mujer admirable, a la mujer a la que tengo la bendición y el honor de poder llamar mamá.

1. Su amor incondicional. 

Mi mami vivía el amor a plenitud. Amaba profundamente a Dios y descansaba cada día en los brazos de la Virgen María, con quien tenía una conexión muy especial. Su inmenso amor y fidelidad a mi papi eran admirables: viéndolos juntos cada día, con esa preocupación y real entrega del uno por el otro, lo hace a uno descubrir el auténtico amor de pareja.

A mis hermanos y a mí, nos dio todo. A pesar de que trabajó toda su vida hizo el milagro de hacernos sentir que estaba junto a nosotros cada segundo de nuestras vidas, presente siempre para junto a mi papi educarnos, con el ejemplo, cómo se es una persona honesta, trabajadora, respetuosa, generosa y que lucha con todas sus fuerzas por sus sueños. Y a sus nietos, ¡cómo los adoraba! Siempre tenía tiempo para ellos, nunca estaba cansada u ocupada para cuidarlos, jugar con ellos o acompañarlos en sus presentaciones en el colegio – no se perdió ninguna. Lita, como le dicen mis hijas y sobrinos, daba la vida por ellos.

Y ese profundo amor por su familia se reflejaba en nosotros como un espejo hacia ella. Mi papi la amaba con locura; durante su enfermedad pude entender lo que es el verdadero amor incondicional, con qué cuidado, paciencia y cariño mi papi la atendía, incluso en los días más difíciles nunca le faltó una sonrisa para mi mami, jamás. Es algo realmente admirable, solo de un amor verdadero es posible algo tan hermoso. Nosotros, sus hijos, hubiéramos dado la vida por ella; añorábamos el momento de hablar con mi mami para contarle nuestras cosas, siempre pendiente, siempre sabia, siempre escuchando sin juzgar. Ni se diga sus nietos, que esperaban con ilusión el siguiente encuentro con su Lita, con quien podían jugar a lo que sea, literalmente, cocinar juntos o ver una película, con esa conexión y complicidad que solo se logra entre personas que se aman de verdad.

Me queda la tranquilidad de saber que todos y cada uno de los días de mi vida le dije a mi mami que la quería sin guardarme nada. Cada encuentro con ella, cada conversación con ella, terminaba siempre con “la quiero mucho mamita”.

2. Su compromiso con los demás.

La luz que irradiaba su amor iluminaba la vida de tanta gente. Su entrega fue de corazón, fue total. El apostolado que vivió junto a mi papi liderando grupos de matrimonios siendo monitores de tantas parejas a las que guiaban con auténtica preocupación y cariño, es un claro ejemplo de lo que es el servicio entregado a los demás. Como decía ayer la hermana María Auxiliadora al terminar la misa que en honor a mi mami se dio en el Santuario de Schoensttat, su amor era un “amor universal”: no distinguía nada, se entregaba por completo con el mismo compromiso y entusiasmo a todos, algo que nunca dejó de hacerlo, su apostolado junto a mi papi fue total.

Ese servicio al prójimo y espíritu de ayuda a los demás se sentía en todas las acciones de su vida. Siempre estaba a atenta a las necesidades de las personas, viviendo el verdadero significado de lo que es “servir”. Mi mami siempre pensaba en qué podía hacer en beneficio de los demás, dejando para el final su propio bienestar. Siempre tenía una palabra de aliento o de alivio en circunstancias adversas, siempre buscaba la forma de ayudar a otros, pendiente siempre de sus hermanos, de la familia y de cualquier persona que necesitara ayuda, buscando donaciones, ropa o juguetes para alegrar el espíritu de una familia en apuros.

Mi mami nunca estuvo cansada o “sin tiempo” cuando se trataba de los demás, buscaba siempre la forma de encender el corazón de los que la rodeaban. Su generosidad, entrega y espíritu de solidaridad son un legado para todos.

3. Su actitud hacia la vida. 

Es realmente impresionante. Todos los recuerdos que tengo de mi mami son con una sonrisa en su rostro. De hecho, era mucho más que una sonrisa, era una luz que iluminaba cualquier lugar en el que estaba. Su presencia se sentía de inmediato, siempre alegre, siempre sonriendo, siempre entregando amor. Su actitud hacia la vida, aún en los peores días de su enfermedad, fue de lucha, de compromiso, de entrega total. Jamás se rindió. Estoy convencido de que su sufrimiento durante todos estos meses lo vivió como un sacrificio para la purificación de su alma y como un ofrecimiento a Dios por nosotros.

A mi mami la vamos a recordar siempre con esa sonrisa maravillosa y esa actitud positiva que tenía. Mi mami nos enseñó a ver siempre el lado bueno de las cosas y a apreciar las bendiciones que tenemos en nuestras vidas. Yo miro hacia atrás y a pesar de que nunca podré acostumbrarme a estar sin ella, le doy gracias a Dios de habernos regalado este tiempo con mi mami y de habernos permitido tenerla junto a nosotros todos estos años.

En Ecuaprimas tenemos un lugar especial para mi mami. En cada situación difícil que enfrentábamos en la compañía o en cada negocio importante que gestionábamos, yo la llamaba a ella y le pedía que nos “encomiende”, ya que estoy convencido de que ella tiene una conexión especial con Dios y la Virgen María, ¡y cuántas veces nos ayudó! Ahora tenemos un angelito en el cielo que nos cuidará siempre y que estará velando por nosotros como lo hizo desde que empezamos la compañía un día como hoy, hace exactamente 23 años.

Gracias por tus oraciones y condolencias. Te mando un abrazo grande.

Rafael Avilés Ledergerber
CEO Ecuaprimas

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